RSE… ¿suficiente en pleno siglo XXI?

RSE y valores

Cuando echo la vista hacia atrás y recuerdo mis primeros contactos formales con la RSE, pienso con cariño en la idea tan equivocada que tenía al respecto y en la buena sensación que me invadió al darme cuenta de que, en realidad, no se estaba inventando la rueda, sino más bien poniendo nombre y apellidos a todas las buenas prácticas de  gestión y liderazgo que cualquier empresa ya podía estar llevando a cabo. Cuando una empresa está trabajando en Calidad Total, tiene un gran recorrido realizado en términos de RSE. Me atrevería a afirmar que ambas, no es que sean “hermanas gemelas” sino “siamesas”.

RSE, Responsabilidad Social Empresarial, es un término que desde hace unos años se escucha prácticamente a todas horas. ¿Y qué es la RSE? «Es una forma de dirigir las empresas basado en la gestión de los impactos que su actividad genera sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general» (Observatorio RSC).

No sólo hablamos de establecer una política de transparencia, interna y externa, que comunique de forma clara sus valores al resto de la sociedad, sino de establecer un sistema de gestión y buen gobierno que de manera natural nos conduzca a las buenas prácticas necesarias para minimizar impactos indeseados en nuestros stakeholders.

Pero, ¿a qué referimos cuando hablamos de valores?

Los valores se definen como el conjunto de las acciones y comportamientos de una empresa en y con el mundo, un listado de buenas prácticas que la empresa ha llevado a cabo en su proyecto de mejora de su entorno. Pero, en pleno siglo XXI, esto ha dejado de ser suficiente. Estas acciones y valores no pueden seguir siendo vistas como un simple listado de hechos o intenciones) sino que es necesaria una evolución de los mismos, y de las empresas, hacia el compromiso, hacia la integración de esos valores y responsabilidad en todo lo que hacen de manera absolutamente intrínseca: integridad, comunicación, pasión, consumo responsable, desarrollo humano, transparencia, calidad, … no pueden ser sólo guías de nuestras acciones como empresa sino parte indivisible de ellas. Hemos de asumirlas y, algo más, comunicarlas, ponerlas en valor…..

Es necesario, para ello, mantener una mente abierta al cambio, a un punto de vista global de nuestro entorno social y económico; salir de nuestra zona de confort empresarial y enfrentar el día a día del mercado con curiosidad y ganas de escuchar, observar y, sobre todo, aprender y mejorar de forma continua.

Aprender de nuestra historia como empresa y tomar responsabilidad de ella, al mismo tiempo que observamos y escuchamos a nuestro entorno y abrimos nuestra mente al cambio, nos permite definir quiénes somos y qué valores son los que integran lo que hacemos y comunicamos: en definitiva, qué valores son los que nos convierten en parte de una marca capaz de inspirar.

Todo un reto….

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  1. […] hemos mencionado en un artículo anterior de nuestro blog , la RSC “es una forma de dirigir las empresas basado en la gestión de los impactos que su […]

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